Reencuentro

Mismo lugar, tiempo después.

Nervios.

Te echaba mucho de menos

Y no sabía si quería seguir haciéndolo,

por si acaso no volvía a pasar.

Pero tu sonrisa al verme me sacó de dudas,

Y el abrazo que tanto echaba de menos, también.

Nunca te he dicho lo que me reconfortan esos milisegundos en los que me puedo espachurrar contra ti,

Y cómo me llenan de buen rollo, amistad y cariño tus manos en mi espalda como si de cargadores ultra rápidos se trataran.

Todas esas sensaciones que tenía ya olvidadas,

No, olvidadas nunca, superadas más bien,

volvieron a aflorar.

Cómo echaba de menos tenerte enfrente.

Y tu voz, y verte sonreír. Y reírte.

Y estar tan cómodo como yo lo estaba.

Y aunque la conversación fue banal,

tampoco habíamos quedado para recitar a Baudelaire,

todo lo que había que contar lo hacía nuestro lenguaje corporal.

Porque sí, hubo varios momentos en los que me costó no hacerte cosquillas en la palma de la mano que todo el rato tuviste extendida hacia mi,

aunque supongo que no te darías cuenta de ese detalle.

Yo sí me di cuenta de que inconscientemente te golpeé dos veces en la pantorrilla con el pie de la pierna que tenía cruzada que, obviamente, te apuntaba.

Fue maravilloso volver a tenerte cerca.

En todos los planos y sentidos.

Gracias. Aunque hoy ya te echo de menos.

Lucha.

Una foto.

Una obsesión.

Una confesión.

Una decepción.

Vale. Nunca más.

No es posible.

Nunca más.

Unas palabras.

Una sonrisa.

Resignación.

Desahogo a través de las palabras.

Intimidación.

Ansiedad.

Enfado.

Desilusión.

Decepción.

Enfado.

Enfado.

Olvídate de mi.

Rechazo.

No me hagas más daño.

No quiero saber nada más de ti.

Batalla.

Palabras.

Guerra perdida.

Y vuelta a empezar.

Otra foto.

La misma obsesión.

Rendición.

Gracias II

Herida,

Pero muy consciente

sólo quiero darte las gracias.

Por aparecer,

Por insistir,

Y volver a insistir.

Por el detalle de hacer que oliera

a tierra mojada después de la lluvia, no una, si no dos veces;

por tu infinita paciencia conmigo y mis locuras, y tu elegante manera de dejarme jugar y meterte en aprietos; por eso casi debo pedirte perdón, aunque lo haría mil veces más. Está en mi naturaleza.

Por ser tan comprensivo, y paciente.

Por el millón de risas, sonrisas y carcajadas.

Por los mil detalles que tienes conmigo, veas o no veas, pero que son.

Por creer en mi, darme ánimos, y decir lo que necesito oír.

Por todo lo que me ha removido, y por aguantar el terremoto. Por hacer que piense y recapacite,

Por saber domarme

Por hacerme ver más allá de lo que veía y conseguir disfrutar de la rutina;

Y por jugar pacientemente conmigo a Petete y Carolina.

Porque muchas veces me has hecho sentir especial aunque no lo supieras o no fuera tu intención;

Por ser sarcástico y tonto.  Porque sí, ya lo he dicho antes,  por el millón de risas, sonrisas y carcajadas. Porque cuando no las tengo, las echo mucho de menos.

Por quererme, primero en mi cabronismo y luego “pese a todo”.

Por dejarme dejarte sin palabras y no huir desde el primer momento.

Porque sé que me vas a dejar seguir dejándote mudo de vez en cuando.

Por hacer de un día normal, uno especial.

Por tus detalles, los que no sabes, y por los especiales, de los que sí serás consciente.

Y gracias, por permitirme morir de silencio.

Tú primero

Dime que no.

Que nunca.

Habla para jamás, calla para quizás.

Porque lo intento,

Y no puedo.

Señales o juegos,

dudo,

me vuelvo loca.

No sé lo que es.

Ya no es sólo deseo.

Y me reí de tu miedo,

Loca inconsciente,

Y al final la atrapada soy yo.

Y lucho porque no,

No puede ser,

Pero cada gesto es una sonrisa,

Un latido, un más, un ven, no te vayas,

no quiero perderte, quédate conmigo

Pero no te lo debo decir.

Y me está matando.

Tanto, que me muero, si sigo más en silencio.

Y me cuesta media vida,

Escribir frases cortas llenas de dobles sentidos

Cuando lo que quiero decir claro es …  dilo tú primero.

Y yo.

-Te quiero.

Y yo.

Pero no lo dije.

Y me transformé en serpiente.

Me asusté.

Me enfadé conmigo,

Reflexioné, decidí,

Así, nunca más.

Y fui firme.

Ya no sentía.

No me gustaba, pero era lo correcto.

 

Y un día volviste.

Temblé.

Pero estaba segura,

Y me confié.

Y me descolocaste otra vez.

Y echo de menos poder hablarte.

Y escribirte.

Y leerte.

Y quiero tocarte.

Y odio que la cabeza y el corazón y sus razones que no entiende no se pongan de acuerdo nunca.

Porque  sé quién va a ganar.

– Y yo.

Lecturas

Kassan, Book

Leo, releo, me empapo;

sonrio, me enfado, siento;

me relamo, imagino, deseo;

siento, escucho, aprendo;

memorizo, disecciono,recuerdo;

sueño, no descanso, me despierto;

Leo, releo, me empapo;

si, no, quizás, tal vez nunca; 

y el imposible es un ojalá no, 

y tiemblo;

Y los verbos, escogidos al descuido,

me enloquecen. 

Leo, releo, me empapo,

aprieto los dientes para controlar el corazón desbocado y no gritar,

y chillo en silencio con mi latido en las sienes y vuelvo a temblar;

no hay descanso, y dudo que lo habrá.

Leo, releo, me empapo,

busco, no es difícil encontrar, 

me estremezco, me rindo,

todo puede pasar. 

Yo.

Maquiavélica.

Pervertida.

Simpática.

Cortante.

Agradable.

Payasa.

Tajante.

Paciente.

Dominante.

Rara.

Retorcida.

Celosa.

Impulsiva.

Tolerante.

Zorra.

Acomplejada.

Sarcástica.

Morbosa.

Graciosa.

Rencorosa.

Sincera.

Caprichosa.

Decidida.

Antisocial.

Lectora.

Estimulante.

Sádica.

Silenciosa.

Multiorgásmica.

Pesada.

Pasional.

Escribiente.

Petarda.

Inteligente.

Risueña.

Nerviosa.

Tímida.

Natural.

Yo.

Gracias

Eres un cojín enorme lleno de plumas,

un sillón favorito,

en los que te acurrucas y pones los pies.

También la taza de chocolate caliente frente a la chimenea,

o la brisa fresca de una noche de verano,

incluso la rebequita que coges cuando refresca,

pijama de franela, y chorro de aire frío del aire acondicionado en la espalda.

Son las risas de mi cabeza, despiertas,

esperando latentes tu señal.

Vacas verdes, huevos morados, y a veces, hasta unicornios.

Eres una lágrima, dos, mil, ninguna.

Eres sombra bajo un árbol, nubes de extrañas formas,

un enorme helado de chocolate;

Una noche en silencio, un cielo estrellado,

un beso y un largo abrazo.

Gracias.

Vete

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Que no, que te vayas. 

Si ya sabes que no puede ser, para qué insistes.

¿Cuántos “noes” necesitas?

No te va a entrar en la cabeza, ¿verdad?

No,

porque ya está más abajo.

Y mira que no,

que has conseguido frenar todas tus olas contra el espigón,

que se lo has dicho directamente,

se lo has dejado caer sutilmente, 

le has dado con la sartén de la crudeza,

pero nada, insiste en quedarse.

Y ahora, ¿qué?

Si no vas a tener respuesta,

o si esta es una provocación…

¿Cómo lo harás? 

Aunque ya casi,

tú misma sabes,

que ya no, ya no quieres que se vaya.